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Quienes llegan por primera vez a la zona norte quedan sorprendidos por la aridez del Desierto de Atacama. Se preguntan cómo pudieron levantarse ciudades donde escasea el agua, donde plantar un árbol se transforma en una tarea titánica, por el cuidado que hay que dedicar.
Investigaciones en ese campo, desde el punto de vista arqueológico y de la evolución de los desiertos en términos naturales, se analizarán a contar de hoy, cuando se reúnan en Arica cerca de 70 expositores de 15 países en la Segunda Conferencia de los Desiertos del sur, que lidera el Centro de Estudios del Hombre del Desierto, que integran las universidades de Tarapacá, Arturo Prat, el Gobierno Regional y Conicyt, y que pondrá a nuestra ciudad en el centro de la investigación mundial de desiertos.
Esas mismas personas que se bajan del avión o del vehículo al llegar a Arica se preguntan cómo se mantienen los valles de Azapa y Lluta, que son las zonas más fértiles para la agricultura de toda la zona norte. Y lo que es más llamativo para ellos es la gran cantidad de árboles y arbustos que desafían el clima y dan vida a las calles y avenidas de Arica, un atractivo que diferencia a nuestra ciudad de Antofagasta, Calama, Iquique o las principales urbes de las regiones Primera y Segunda.
Arqueólogos, geólogos, biólogos y paleoecólogos, entre otros, han llegado a esta ciudad para descifrar incógnitas acerca de los desiertos del hemisferio.
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